Menospreciado – Menospreciar
Menospreciados y Menospreciar
En la Biblia encontramos muchísimos ejemplos de hombres que fueron menospreciados, tenidos por “poca cosa”; juzgados por sus apariencias, aptitudes, por sus orígenes, familias, por su pasado. Pensaba el otro día que si Jesús hubiera contratado a una empresa de RRHH para que escogiera a sus apóstoles la mayoría de los que le acompañaron en su ministerio no habrían aplicado.
Hasta el mismo Jesús fue despreciado, eso lo leemos En Isaías 53: 3, allí nos dice que fue despreciado y rechazado por los hombres.
Goliat desprecio a David, lo tuvo por poca cosa, pues le juzgo por su apariencia. En 1º Samuel 17:42 leemos que Goliat le vio “muchacho, trigueño y buen mozo”. Goliat imagino que aquel que respondería al desafío sería el hombre más fuerte y más experimentado de Israel, un guerrero digno de enfrentársele. Pero no, en la línea de batalla apareció este muchachito y Goliat se sintió insultado. ¡Qué tonto fue! Si tan solo hubiera apenas considerado que quien tenía al frente podría hacerle algún daño, hubiera tomado sus recaudos y otra quizás sería la historia.
Dejarse guiar por las apariencias es un mal común a todos y en todos los tiempos. Samuel cometió este error cuando Dios le envía a casa de Isaí a para que unja al sucesor del Rey Saúl, esta historia la encontramos en 1º Samuel 16. Cuando Isaí llega con sus hijos al lugar que Samuel les había invitado, Eliab, uno de los hijos de Isaí, capta la atención de Samuel por su apariencia y Samuel piensa “Sin duda que este es el ungido del Señor” inmediatamente Dios le habla a su profeta y le dice: “No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1º Sa. 16: 6-7)
Seguramente que has tenido y experimentado situaciones en tu vida en la que te han menospreciado, tenido en poco, te han juzgado por tu pasado, por tu situación económica, por tus orígenes, por tu educación etc. Pero también tenemos que sincerarnos y reconocer las veces en que nosotros hicimos lo mismo con otros.
Dios le dice a su profeta: “La gente se fija en las apariencias” pero tu Samuel no debes guiarte por lo que ves, pues yo no busco capacidades sino dependencia. La característica común de todos los hombres que Dios uso fue que fueron dependientes ya sea por voluntad propia o por tratos de Dios en su vida.
El corazón, le dice Dios, el corazón es lo que importa, si esa persona puede depender de mí, si me cree, si se rinde, no importa su apariencia, su apellido, sus posesiones, sus estudios, ni sus capacidades. Dios se lo dice a Samuel y miles de años después Dios se lo dice también a Pablo: “Mi poder se perfecciona en la debilidad”



